Entre el camino del bien y el camino del mall

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Se dice que Miami es el paradigma de la superficialidad. Hablar de esta ciudad es sinónimo de playas, malls y discotecas. Incluso es común, para muchos de sus habitantes, encontrarse los sábados por la tarde en un pequeño infierno frente al televisor: la pantalla salta de canal en canal y el mueble en el que están desparramados toma la forma de sus cuerpos. Su único mecanismo de defensa es apretar los botones del mando a distancia y buscar la mejor programación; sin embargo, este resulta ser una arma blanca, un objeto inútil frente a los animadores de programa concurso y a las publicidades de productos de telemercado para el engordamiento del pene y el crecimiento del busto. Y entonces, guerra perdida, a apagar el televisor antes de que finalmente aparezca Don Francisco, envuelto en un traje color azul cielo, e ir al mall a llenarse de bolsas y a vaciar las cuentas del banco.

Aunque hoy, parecería que todo lo dicho no es nada más que el prejuicio con el que se le  ve a esta ciudad que, sin saberlo, poco a poco va siendo más interesante de lo que ella misma cree. Miami está marcando su distancia ante el tópico de lo banal y cimienta sus primeros referentes culturales. Prueba de ello es la cada vez mayor producción y difusión de arte contemporáneo. En las galerías de Wynwood, por ejemplo, una numerosa comunidad de artistas locales reconocidos -entre ellos escultores, pintores, diseñadores, fotógrafos e instituciones artísticas- han implementado sus art studios y galerías.

Las galerías, además de ser talleres de trabajo para los artistas, son centros de exposición abiertos al público. Así, el segundo sábado de cada mes, se lleva a cabo el Wynwood Art Walk. Esta actividad consiste en una caminata de cuatro horas -de siete a once de la noche- en la que el público puede entrar de galería en galería gratuitamente a apreciar las últimas obras de los artistas. Cada exposición, además, busca propiciar un ambiente cálido para sus invitados: brindan copas de vino, cervezas, cócteles y ofrecen a degustación algunos bocadillos. El Wynwood Art Walk está ubicado al norte del Downtown y al sur del Design District y se extiende aproximadamente desde la calle 10 del NE hasta la calle 36 del NE. La concurrencia a los Art Walks es cada vez mayor: en las calles, confundido entre las paredes decoradas con distintas muestras de arte contemporáneo -graffitis, collages, pinturas-, se puede ver el hormiguero de personas que entran y salen de las galerías, restaurantes de comida al paso y no al paso, los ya famosos food trucks de comida gourmet, y hasta algunos músicos en las esquinas tocando piezas de jazz, blues o rock. Estas pinceladas de arte contemporáneo son muestras de que esta ciudad ya tiene algo que aportar al mundo cultural: arte moderno desde una ciudad moderna.

No hay que olvidar que Miami es aún una ciudad joven en busca de identidad. Se le debe mirar sin prejuicios, disfrutar de sus playas, sí; también de sus malls y sus discotecas, pero a la vez hay que conocerla un poco más y ser testigo de ese proceso de formación cultural que se viene dando con inminente trascendencia.


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3 Comentarios

  1. Tienes toda la razon. De hecho llevo viviendo en esta ciudad 12 años y conosco la mitad de las cosas bonitas que en ella guarda. No sabia sobre las galerias de Wynwood, estare pasando a conocer ese otro lado de Miami. Me encanto el articulo.

  2. Es una gran alegría constatar que todavía hay gente joven interesada en los libros y en las artes en general. Sí, la imagen de Miami como el "reino de la superficialidad" ha ido cambiando, precisamente, gracias a revistas como Suburbano, a librerías como Barnes and Noble y Books and Books que resisten con valor el embate despiadado que lamentablemente sufren los libros impresos, y a algunas organizaciones culturales que nos deleitan con presentaciones de gran nivel literario y artístico. Felicitaciones, Pedro, por un excelente artículo.

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