Henry Flagler y lo que el viento se llevó

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Una de las escenas más explosivas de Impossible Mission 3 ocurre en un puente. Un avión dispara misiles contra Ethan (Tom Cruise). El estruendo y sus efectos duran casi tres minutos e Ethan termina colgado de los escombros, balanceándose sobre el mar abierto entre Knight’s Key y Little Duck Key.

Henry M. Flagler (1830 – 1913), fundador y socio de John D. Rockefeller en Standard Oil Company –la empresa hasta hoy más rentable en la historia de Estados Unidos–, viajó por primera vez a Florida hacia finales de la década de 1870, siguiendo las indicaciones que le diera el médico a su esposa, Mary Harkness, de ubicarse en clima tropical. La salud de Mary entonces era frágil y en 1881 murió. Flagler volvió a casarse en 1883, con Ida Alice Shourds, y en diciembre viajaron a Florida de luna de miel. La puerta de entrada de Flagler a Florida era Jacksonville, aunque con Ida Alice el trayecto se prolongó: abordaron el ferry hasta St. Augustine, ciudad verde y con apenas dos mil habitantes. Meses después Flagler volvió a St. Augustine con el propósito de construir el Ponce de León, un hotel estilo mediterráneo de 540 habitaciones. Flagler, hombre de negocios, no tardó en expandir su empresa y edificó el Royal Poinciana Hotel, en Palm Beach, región a la cual encontró paradisíaca. El problema de Florida era el transporte: el tren no salía de Jacksonville, resultaba imposible desplazarse a otros lugares. Si Flagler quería que sus hoteles fueran epicentro turistíco debía conectar las ciudades, por ello decidió ampliar la ruta del ferrocarril hasta Palm Beach.

En 1894 Florida fue castigada por el clima: una de las heladas más crueles de todos los tiempos acabó con los cultivos, perjudicando dramáticamente la economía. Al sur de Palm Beach, sin embargo, se extendía un territorio llamado Fort Dallas, poco habitado debido a las plagas de mosquitos y al calor, nada interesante para muchos excepto Julia Tuttle, viuda de un empresario que vendió todo en Ohio y se aisló en estas tierras inhóspitas. Fort Dallas no fue afectado por la helada y Tuttle, que venía tratando de convencer a Flagler para que continuara su ferrocarril hasta allá, consiguió su cometido: en 1895, a cambio de una porción de tierras, Flagler aceptó extender el ferrocarril a Fort Dallas, ciudad que meses después sería inscrita como Miami.

El imperio hotelero de Flagler llegó así a orillas del Miami River, con el Royal Palm, y consolidó a Miami como un atractivo turístico. Teniendo como base a Miami, Flagler se desplazó por los Cayos, los Everglades, Homestead. Y en 1905 anunció lo que probablemente sería su decisión más ambiciosa –aunque para algunos fuera el mayor disparate que pudiera cometer un anciano de 75 años–, construir el Florida East Coast Railway: un ferrocarril de 153 millas que conectaría a Miami con el extremo más al sur de la Florida, Key West.

El trabajo en el Florida East Coast Railway se hizo por etapas, durante 1906 a 1912, y la impredecible naturaleza complicó el emprendimiento: tres huracanes arremetieron las costas, los destrozos fueron mayores. El gran reto fue el tramo de las siete millas desde Knight’s Key a Little Duck Key; lo único que había entre estos dos pedazos de tierra eran las aguas del Atlántico. Se evaluó la posibilidad de culminar el ferrocarril allí, pero un empecinado Henry Flagler se opuso.

El Florida East Coast Railway se terminó la mañana del 21 de enero de 1912 y Flagler murió un año después junto a su tercera esposa, Mary Lily Kenan. El proyecto de Henry Morrison Flagler en total consistió de 366 millas de rieles que unían a Jacksonville con Miami y 156 a Miami con Key West. Una obra maestra de la ingeniería que conectó a toda la Florida, tan inexplicable en su momento que se calificó como la octava maravilla del mundo.

El ferrocarril siguió operando los años siguientes al fallecimiento de Flagler. Key West se convirtió en una ventana abierta de comercio con el Caribe y el recién inaugurado Canal de Panamá; el turismo también se vio favorecido: personas de todos los puntos de Estados Unidos viajaban hasta los Cayos y Miami a pasar allí los fines de semana o para tomar el ferry a Cuba. Pero el auge solo duró hasta el Labor Day Weekend de 1935, en que un huracán arrasó con toda la Costa Este del estado como ninguno lo ha hecho hasta ahora. Las ráfagas de viento se llevaron centenares de vidas, viviendas, y a la gran máquina…

Poco queda de la octava maravilla del mundo. Solo algunos retazos como aquel viejo puente de las Siete Millas, The Old Seven, referente histórico en Florida que corre paralelo a la autopista que va de Miami a Key West. Y si bien su utilidad se limita a los paseos en bicicleta de fin de semana o al lente de las cámaras fotográficas, también ha sido escenario de Tom Cruise, Arnold Schwarzenegger, James Cameron y muchos otros más.

Artículo publicado en el Nuevo Herald el 14 de julio de 2015

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